LOS MOLINOS DE AGUA DE GUÍA.

- Por Juan Dávila-García.-


La existencia de los molinos se remonta casi al principio de los tiempos, Grecia, Roma, la España primitiva, Macedonia, Persia, los pueblos árabes, etcétera, utilizaron siempre diferentes tipos de molinos para moler los granos y convertirlos en alimento. En un principio en Canarias, las moliendas se llevaban a cabo con molino manual bastante rudimentario, que consistía en dos piedras circulares de considerable peso que superpuestas y movidas a mano rotaban y trituraban el maíz, el trigo, la cebada, el centeno, etcétera, consiguiéndose así diferentes tipos de gofio y harinas. La evolución de estos artilugios ha ido evolucionando con el paso de los años, con especial incidencia en la energía motriz que hacía que estos ingenios funcionasen. Miguel de Cervantes en su obra más emblemática, “don Quijote de la Mancha”, nos habla de la ingente cantidad de molinos de vientos que existían en la zona donde se desarrolla esta magna obra. En Fuerteventura, también han existido y creo existen todavía una gran cantidad de estos artilugios, donde la energía que hace funcionar a los mismos es la llamada hoy como eólica. En la Aldea de San Nicolás de Tolentino, la existencia de estas maquinas tenían también una gran incidencia.

Pero mi intención una vez realizado el exordio correspondiente, es analizar los molinos de agua –por ser este liquido quien movía toda la maquinaria molinil-, que existieron en Guía hasta no hace muchos años, y que fueron sustituidos por los llamados de “fuego”. El agua que transportaba una acequia de considerable profundidad que nacía en Fontanales y terminaba en tierras de Gáldar, hacía posible que canalizada desde una considerable altura moviera los rotores los cuales hacían que las enormes piedras circulares de gran tamaño y peso, desarrollaran la función de moler con más o menos profusión, dándonos así un producto más fino o menos fino según la exigencia del cliente. En Guía existieron seis molinos de agua, que iban desde las medianías hasta el mismo pueblo. Por este orden de prelación, citar en primer lugar al de la Palma, que estaba ubicado por encima del Calabozo y Paso, cuyo propietario era Félix Castellano, y ya acercándonos hacía el pueblo, entre la Cañada y las Boticarias se encontraba el de Florencio Galván, y al final del Callejón del Molino el de Luisito. Ya en el camino de Anzo, nos encontrábamos con el de Paco Roque, que se lo vendió a Pedro Jiménez más conocido por Pedro el de los Andenes, que era propietario del cortijo del mismo nombre que estaba ubicado en las proximidades de los Caideros de Gáldar, según he podido saber hoy es propietario del edificio del mismo un agaetense llamado Valentín Barroso Cruz, el cual y tenor de lo que he visto lo tiene bastante bien conservado, y un poco más abajo el de Lola Tovar, y por último el de Orihuela que estaba situado en la Cuarta, al margen derecho de la carretera del Lomo Guillen en dirección a Gáldar.

Estos molinos que he citado desarrollaron una gran labor social que beneficio ostensiblemente a los habitantes de mi pueblo, en los mismos se molían toda clase de granos, mediante el pago preceptivo de un canon por cada molienda que recibía el nombre de “maquila”. La desaparición de estos hermosos ingenios vino motivado por las sequias que mermaron el caudal de agua que transportaba la acequia citada, y sobre todo y especialmente por la aparición de los molinos eléctricos, recordar que el primero que se instalo en Guía con estas características fue el de Faustinito García del Pino, cuya primera ubicación estuvo en la calle, José Antonio Primo de Rivera, en el edificio donde tuvo un taller de mecánica Manuel Armas Santana, y que más tarde albergo la Sociedad de la AF. Tirma Guíense, frente mismo a donde hoy se encuentra la Biblioteca Municipal, y posteriormente en el Lomo Guillen, por debajo de la tienda de Arturo, este molino era a su vez quien alimentaba a Guía de fluido eléctrico hasta que llego la Unelco.

Me consta que la edificación del molino de Paco Roque, se conserva con bastante dignidad, desconozco si el resto de las edificaciones que albergaron a los citados molinos se siguen conservando con el relicto que siempre acreditaron, de no ser así estimo que es una pena, ya que al fin y al cabo, la existencia de los mismos formaron parte de la historiografía de mi pueblo. Decir como dato informativo que el último molino que se aprovechaba de estas aguas canalizadas era el de Bartolito Molina, en Rojas en el término municipal de Gáldar.